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Un país de
apátridas y se ríen de su ignorancia

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
La ignorancia es tan grande que
podemos mirar las estrellas y nos dicen que el universo es cuadrado. En Colombia
si se levanta una piedra salen sanguijuelas como los antipatriotas que salen a
corromper lo poco bueno que existe. No nos sorprendemos de este señalamiento
acusatorio. Este vocablo desapareció del lenguaje cotidiano de las gentes,
porque todo se volvió normal.
Cuando se saquea el erario y le roba a todos los ciudadanos que pagan impuestos,
ese saqueador es un antipatriota, cuando se usa los bienes sociales para bien
personal, es un antipatriota. La corrupción la generan los antipatriotas porque
creen que no están haciendo ningún daño a la nación.
En el pasado a estos personajes se les fusilaba y hoy se les aplaude y se des da
casa por cárcel. Esta descomposición nacional es como una bola de nieve que
rueda sin fin, al final viene la avalancha inexorablemente.
Los colombianos cada día se ponen más alertas sobre el manejo de la cosa
pública,
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aunque quisieran hacer algo para detener esta
corrupción les es imposible porque desde arriba es de donde viene la
avalancha.
No existe un mecanismo en el sistema estatal para
el manejo eficiente contra los antipatriotas o la corrupción porque
todo ya está corrupto y por más leyes que se hagan siempre ellas
tienen su forma de deshacerlas.
En esta elecciones ha habido una corrupción que no hay forma de
controlarla porque los protagonistas son los que han hecho las leyes
y tiene el poder porque no va a haber nada que los detenga. El solo
hecho de sentarse a negociar los votos de otras agrupaciones para
obtenerlos es corrupción. El dar una camiseta, almuerzo, un tamal,
una teja etc. Está comprando votos y eso es corrupción y ser
antipatriota.
Si los electores creen en el candidato y su
programa, no necesita comprarle el voto, él va y cumple con su deber
de votar y aportar a la campaña y no a la inversa. Las inversiones
de grandes capitales en una campaña es buscando recobrar la
inversión a un precio tan alto que menoscaba el bienestar de todos.
Habías pensado que si el político de da algo, no
te lo da de gratis, siempre estará esperando al final meterte la
mano al bolsillo, con impuestos, predial, valorización, rodamiento,
el 19%, el 4Xmil, peajes, comparendos, etc.
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SOMOS MÁS BERRACOS
Crónica #1382

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://youtu.be/qnFwPGwM3Wo
El espantoso doblete de terremotos en Venezuela nos ha
permitido valorar la berraca capacidad y estructura que el Estado y los
ciudadanos colombianos tenemos para afrontar situaciones límites y tragedias
como las que viven allá.
Nosotros aprendimos de la hecatombe del Ruiz y del terremoto de Armenia.
Después de esos momentos dramáticos montamos el Servicio Geológico y las
oficinas de prevención y administración de desastres y cuando lo de Armenia el
Forec, conjugando gobierno, empresas y ciudadanos del común para reconstruir.
Hemos aplicado normas de sismoresistencia a los edificios y realizado
numerosos simulacros para medir la velocidad y eficiencia de la reacción,
generando cultura.
En Venezuela, de donde salieron despavoridos 7 millones de personas
huyendo del chavismo, no quedó ni berraquera ni estructura porque lo que habían
conseguido con los borbotones de plata del petróleo o lo despilfarraron o lo
gastaron en ascender la figura del caudillo o se lo dejaron robar.
Es increíble que no tengan ni red sismológica ni maquinaria amarilla ni
cuerpos de socorro y, lo que es peor ni presidente. La señora que los gringos
dejaron es una pobre inútil a quien le quedó grande el país y por ende el
problema vivido.
Lo poquito que han podido hacer para actuar morigerando los efectos, lo
logran alcaldes y gobernadores. De la misma manera, el Estado y los ciudadanos
colombianos resultamos también dando cátedra mundial de cómo celebrar elecciones
democráticas tan impecables que hasta el buchipluma del presidente que tenemos
tuvo que doblegarse a las cifras arrojadas.
Somos más berracos que muchos vecinos, no hay duda. Tanto que a veces
pienso que con Abelardo de presidente y apoyado como está por Trump, podríamos
ir ondeando las verdaderas banderas bolivarianas y asumir en breve la
administración unificada de Venezuela para ir renaciendo la Gran Colombia de
Bolívar.
El Porce, junio 30 del 2026.

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¿El Oro Verde
o una Ilusión Óptica? La Realidad de la Transición Económica
La narrativa de reemplazar los ingresos del
petróleo y el carbón con el turismo se ha convertido en el discurso favorito de
la política económica contemporánea en Colombia. La idea de cambiar chimeneas
por paisajes y pozos de extracción por reservas ecológicas es innegablemente
atractiva. Sin embargo, cuando la retórica se enfrenta a los balances
financieros reales de la nación, el panorama revela desafíos de infraestructura
y seguridad pública que no se pueden ignorar con discursos bien intencionados.
Para un país cuyas exportaciones dependen en más del 40% de los hidrocarburos,
la transición hacia el llamado "oro verde" requiere mucho más que buenas
campañas de mercadeo internacional; exige una transformación estructural
profunda que apenas ha comenzado.
La primera gran barrera es la escala económica. Las divisas generadas por la
industria minero-energética sostienen la balanza de pagos y financian una parte
sustancial del gasto social del Estado colombiano. Para que el sector turístico
logre equilibrar esa balanza, el país necesitaría triplicar el flujo actual de
visitantes internacionales de alto valor. Esto significa pasar de ser un destino
emergente a competir directamente con potencias globales del sector. Lograr esta
meta es imposible sin una infraestructura aeroportuaria moderna, carreteras
intermunicipales seguras y una red hotelera formal que se extienda mucho más
allá de las capitales principales, alcanzando las regiones con mayor potencial
biodiverso.
A esta complejidad logística se suma el desafío crítico de la seguridad pública.
El turismo internacional es un mercado sumamente sensible a la percepción de
riesgo. Los recientes brotes de inestabilidad en zonas rurales y el deterioro de
la seguridad en centros urbanos clave actúan como un freno inmediato para los
viajeros de alto poder adquisitivo. Ningún viajero elegirá las selvas del
Guaviare o las playas del Pacífico si no existe una garantía estatal absoluta
sobre su integridad física. Por lo tanto, la política de transición económica no
puede diseñarse en el vacío; debe estar intrínsecamente ligada a una estrategia
de control territorial y pacificación real de las regiones.
Finalmente, el debate debe centrarse en la sostenibilidad del empleo y la
formalización. El sector turístico colombiano sufre de altos índices de
informalidad laboral, lo que limita su impacto en la recaudación tributaria y la
protección social de los trabajadores. Si queremos que el turismo sea el
verdadero motor de desarrollo, el enfoque estatal debe priorizar el incentivo a
las pequeñas y medianas empresas turísticas locales mediante créditos blandos y
capacitación técnica. Colombia se encuentra ante una encrucijada histórica. La
meta de una economía descarbonizada es loable, pero forzar marchas sin haber
construido las bases de la nueva infraestructura es un salto al vacío que el
país no se puede permitir. La transición debe ser gradual, planeada y, sobre
todo, realista.
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The Green
Gold Dilemma: The Realities of Colombia's Economic Transition
The narrative of replacing oil and coal
revenues with international tourism has become the favorite discourse of
contemporary economic policy in Colombia. The idea of exchanging smokestacks for
landscapes and extraction wells for ecological reserves is undeniably attractive.
However, when rhetoric faces the nation's actual financial balance sheets, the
landscape reveals deep infrastructure and public safety challenges that cannot
be ignored with well-intentioned speeches. For a country whose exports depend
for more than 40% on hydrocarbons, the transition toward the so-called "green
gold" requires much more than international marketing campaigns; it demands a
profound structural transformation that has barely begun.
The first major barrier is economic scale. The foreign exchange generated by the
mining and energy industry sustains the balance of payments and funds a
substantial portion of the Colombian state's social spending. For the tourism
sector to balance that scale, the country would need to triple its current flow
of high-value international visitors. This means moving from being an emerging
destination to competing directly with global powerhouses in the sector.
Achieving this goal is impossible without modern airport infrastructure, safe
intermunicipal roads, and a formal hotel network that extends far beyond the
main capitals, reaching the regions with the greatest biodiverse potential.
Added to this logistical complexity is the critical challenge of public safety.
International tourism is a market highly sensitive to the perception of risk.
Recent outbreaks of instability in rural areas and the deterioration of security
in key urban centers act as an immediate deterrent for high-spending travelers.
No traveler will choose the jungles of Guaviare or the beaches of the Pacific if
there is no absolute state guarantee regarding their physical integrity.
Therefore, the economic transition policy cannot be designed in a vacuum; it
must be intrinsically linked to a strategy of territorial control and real
pacification of the regions.
Finally, the debate must focus on employment sustainability and formalization.
The Colombian tourism sector suffers from high rates of labor informality, which
limits its impact on tax collection and the social protection of workers. If we
want tourism to be the true engine of development, the state focus must
prioritize incentives for small and medium-sized local tourism companies through
soft loans and technical training. Colombia stands at a historic crossroads. The
goal of a decarbonized economy is laudable, but forcing marches without having
built the foundations of the new infrastructure is a leap into the void that the
country cannot afford. The transition must be gradual, planned, and, above all,
realistic.
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Publisher
Zahur Klemath Zapata
Director
Gongpa Rabsel Rinpoché
Gerente
Laurie Agront
Gerente Operativo
Alba Lucia Arenas V.
Editor
Janier Ándres Aristizábal Calle
Jefe de Redacción
Brahian Stiven Castaño Navales
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Diagramación
Rhonal Torres
Consejeros
Luis Enrique Arango Jiménez
Cecilia Caicedo Jurado
Soporte Tecnológico
Aurooj Ali Khan
Jawaad Malik
Colaboradores
Jotamario Arbeláez
Gustavo Álvarez Gardeazábal
Edgar Cabezas
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Gustavo Pérez González
Guillermo Navarrete Hernández
Iván Pulido
Agustin Perozo
Cesar Augusto Valencia
CONTACTO
Tel. (57) 606-347 7079
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